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El carnaval de San Sebastián no compite con los grandes de España y no lo pretende. Lo que tiene es otra cosa: personajes de la mitología y del oficio vasco que salen a la calle un fin de semana al año, comparsas de barrio que se preparan durante meses y un cierre nocturno con fuego que no se parece a nada.
Se vive en la calle y con gente conocida. No hay recinto, ni entrada, ni escenario principal: hay recorridos que pasan por delante de tu portal. Si vienes en febrero, esto es lo que conviene entender para no quedarte mirando desde fuera.
Va antes un apunte de calendario, porque el carnaval se mueve cada año y eso descoloca a mucha gente.
El calendario: cuándo cae el carnaval
El carnaval no tiene fecha fija: depende de la Pascua, así que cae entre finales de enero y principios de marzo según el año. El núcleo son seis días, de jueves a martes, y el martes de carnaval es siempre el día anterior al Miércoles de Ceniza.
Antes hay dos actos previos que aquí importan tanto o más que el carnaval mismo. Los Caldereros salen el primer sábado de febrero, más o menos el sábado siguiente a la Candelaria. Iñude eta Artzainak, el domingo posterior, con desfiles por los barrios los días previos.
Y después queda un fin de semana de propina, la fiesta de Piñata, más informal y mucho menos multitudinaria. Antes de reservar, mira el calendario del año: la diferencia entre acertar y llegar una semana tarde son unos pocos días.
Caldereros: el aviso de que llega el carnaval
Los Kaldereroak recuerdan a los caldereros ambulantes que bajaban a la ciudad y, con su ruido, anunciaban que el carnaval estaba cerca. Es la apertura no oficial de la temporada.
Lo que se ve son grupos disfrazados recorriendo el centro con calderos, sartenes y herramientas de cocina, golpeándolo todo, cantando y arrastrando un estrépito considerable. Hay osos, gitanos y carros. Es ruidoso, desordenado y muy popular: los niños alucinan.
Dura un par de horas de tarde y ocupa las calles del centro. No hace falta buscar sitio con antelación: pasa por muchas calles y se ve bien desde casi cualquiera.
Iñude eta Artzainak, la más nuestra
Iñude eta Artzainak es la comparsa tradicional del carnaval donostiarra y la más difícil de ver en otro sitio. Representa a las iñudeak, las nodrizas que bajaban del caserío a la ciudad, y a los artzainak, los pastores. Sale con música, baile y su propio orden de personajes.
Es un desfile antiguo, más ceremonioso que festivo, y se sigue con respeto. Los días previos las comparsas recorren los barrios, así que si te alojas fuera del centro es fácil que te pasen cerca sin buscarlas.
Si solo puedes ver un acto del carnaval y te interesa la parte de tradición y no la de fiesta, este es.
Las comparsas: el fin de semana grande
El sábado y el domingo son el plato fuerte. Más de veinte comparsas desfilan por el centro a última hora de la tarde, cada una con su vestuario, su coreografía y su carroza, y compiten en serio: hay grupos que llevan medio año cosiendo.
El viernes anterior se hace la presentación oficial de comparsas en el pabellón de Illunbe. Si quieres ver los trajes de cerca, con luz y sin empujones, ese es el momento; en la calle los verás en movimiento y de lejos.
Aquí hay una costumbre horaria que desconcierta al visitante: los actos del carnaval se convocan a horas raras, del tipo las 17:01 o las 20:05. No es una errata del programa, es parte de la broma.
El Entierro de la Sardina
El martes por la noche se cierra el carnaval con el acto más espectacular. Un cortejo fúnebre paródico recorre el centro con tambores, viudas, ángeles, demonios, clérigos y personajes de la mitología vasca, escoltando a la Sardina hasta Alderdi Eder, frente al Ayuntamiento.
Allí se quema. La hora oficial de la quema es las 20:01, con esa misma manía por el minuto impar, y la plaza se llena mucho antes. Entre el fuego, los tambores y el humo, es la imagen que se le queda a todo el mundo.
Llega con media hora de margen si quieres ver la quema de cerca. Si vas con niños o con silla de ruedas, mejor colocarse en el recorrido previo, en el Boulevard, que en la plaza final: se ve el cortejo entero y sin apreturas.

Dónde verlo
- Los desfiles del fin de semana: el recorrido cruza la Parte Vieja y el ensanche. El Boulevard es el mejor sitio, ancho y llano, y desde Gros se llega en diez minutos andando.
- La Plaza de la Constitución: el sábado por la noche, con las comparsas actuando bajo los balcones numerados, es el punto más bonito de todo el carnaval. También el más lleno.
- Alderdi Eder: solo para el final del martes.
- Tu propia calle: en los días previos las comparsas salen por los barrios. Pregúntanos y te decimos por dónde pasan.
Cómo vivirlo sin agobios
Disfrázate. Aquí se disfraza casi todo el mundo, sobre todo el sábado, y sin nada puesto se nota. No hace falta gran cosa: una peluca y algo de color bastan para dejar de ser el que mira.
Abrígate por debajo. Febrero anda entre cinco y diez grados y hay actos de noche, parados en la calle. El disfraz encima del abrigo, no al revés.
Cuenta con los cortes de tráfico. El centro se cierra durante los desfiles. El autobús urbano desvía y lo más rápido es andar.
Duerme fuera del ruido. El centro no calla hasta muy tarde durante el carnaval. Desde nuestro apartamento, en Gros, se cruza el puente y estás en el meollo en diez minutos, pero se duerme. El carnaval cierra el invierno donostiarra que abre la Tamborrada: si vienes en esos meses, la guía de San Sebastián en invierno te cuadra el viaje.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo son los carnavales de San Sebastián?
Cambian cada año porque dependen de la Pascua. Caen entre finales de enero y principios de marzo, con seis días de jueves a martes, y el martes es la víspera del Miércoles de Ceniza.
¿Hay que pagar por ver algo?
No. Todos los actos son en la calle y gratuitos. La presentación de comparsas en el pabellón es la única que se hace en recinto.
¿Es un buen plan con niños?
Muy bueno, sobre todo los Caldereros y los desfiles de tarde. El Entierro de la Sardina es de noche y va muy lleno: si vais con niños pequeños, mejor verlo en el recorrido que en la quema.
¿Se puede seguir el carnaval en silla de ruedas?
Sí, con criterio. El Boulevard y el ensanche son llanos y anchos y se ven bien los desfiles. La Parte Vieja y la plaza de la quema se llenan tanto que resultan incómodas.
¿Merece la pena venir solo por el carnaval?
Si buscas un carnaval multitudinario, no. Si te interesa una tradición viva y una ciudad en invierno sin colas, sí, y con creces.


